19 febrero, 2017

La cara positiva de la enfermedad

El objetivo de este artículo es invitaros a reflexionar sobre cómo sacar un rendimiento positivo a las enfermedades. Se trata de utilizar cualquier pequeño contratiempo en la salud para practicar y aprender, con el objetivo de que cuando lleguen problemas más importantes estemos preparados, o mejor aún, para que los temidos problemas importantes no lleguen a presentarse.

Las enfermedades se han situado como grandes protagonistas en nuestras vidas familiares, sin que tengamos una conciencia clara de cuál es su naturaleza real. Se conciben como accidentes irremediables, cosas que nos pasan o mala suerte, no nos planteamos indagar para comprenderlas ni sacar conclusiones. En cuanto asoman la cabecita intentamos eliminarlas sin pararmos a mirar qué nos quieren decir, hacemos como aquéllos caseros que disparan al primero que entra por la puerta, y de vez en cuando acaban matando a un familiar.

Uno de los problemas de las enfermedades, sobre todo de las más populares, es que rápidamente las asociamos con el peligro de muerte, si bien en la mayor parte de los casos esta vinculación no es correcta y nos suele confundir. Nos hemos acostumbrado a pensar que la muerte y la enfermedad van asociadas,  sin pensar que esto no tiene por qué ser así, lo es más por cómo vivimos y por la intervención humana que por el proceso natural en sí.

Visto desde una óptica general la enfermedad es el resultado de una falta de armonía entre los cuerpos físico, mental y espiritual de la persona. La presencia de enfermedades repetitivas o frecuentes es consecuencia de tener una calidad de vida real deficiente. Es lo que se viene denominando estrés con carácter muy general, aunque el término estrés es demasiado genérico y no contribuye a aclarar las situaciones que se dan.

Una ley de las enfermedades es que van de adentro hacia afuera. Suele parecer lo contrario porque es más fácil ver los factores externos que desencadenan la enfermedad que las verdaderas causas internas, porque éstas además nos responsabilizan. Pero los factores externos no actúan si el terreno no está abonado por una causa, lo cuál no excluye que debemos poner atención tanto en la causa como en los factores desencadenantes.

Algunos factores externos típicos a los que solemos culpar son los virus, las bacterias, los hongos, el frío, el calor, las inflamaciones, la radiación, la aparición de tumores, etc. Las causas internas sin embargo tienen una naturaleza más inmaterial: miedo prolongado, resentimiento crónico, un no puedo permanente, un no me quiere la vida, un nunca es bastante, un no valgo nada, un desconfío permanente, un no puedo parar de pensar, una rigidez sin límites, un juicio permanente sobre lo que pasa, los demás o nosotros mismos, etc. Estas actitudes mentales activan los estados emocionales que con el tiempo acaban debilitando y enfermando las diferentes partes del cuerpo físico.
 
Las diferentes enfermedades son muy distintas en la forma, pero tienen todas un proceso similar. Cambia el órgano o sistema donde se manifiesta,  los tiempos, el hecho de ser más individuales o heredadas del árbol familiar, social o cultural. Pero todas tienen una parte en común en el proceso, que se puede aprovechar para aplicar una metodología común para la recuperación de la salud.

Cada enfermedad se puede interpretar, para ello tenemos que partir de la función afectada y la forma en que está afectada. Interpretar nos ayuda a curar, pero no es imprescindible. En este sentido la enfermedad es nuestra brújula, nos va señalando el camino, a corregir las actitudes, pensamientos, emociones y prácticas que nos dañan. En muchos casos es interesante reflexionar sobre el nombre que se ha le puesto a la enfermedad, para quitarle seriedad o desmitificar esa parte oscura que parece esconderse detrás de la etiqueta.

Una circunstancia que tenemos que tomar con cautela es a los que nunca enferman, porque están los que efectivamente nunca enferman, y los silenciosos que cuando enferman lo hacen de forma explosiva. A veces es más productivo enfermar de vez en cuando, para desactivar las concentraciones de estrés acumuladas, conocerse un poco mejor y de paso adquirir esa cultura de la salud de la que estamos hablando.

En resumen, tenemos que aumentar nuestro nivel de comprensión de lo que la enfermedad significa, para tener cada vez mejores criterios para abordar las situaciones que nos plantea y realizar el crecimiento personal que se nos propone. Antes de llegar a una enfermedad importante es habitual que tengamos varias o muchas de las consideradas poco importantes. Es aquí donde tenemos que aprovechar para practicar y aprender, porque nos dan la oportunidad de entrenar de cara a posibles enfermedades mayores, incluso evitarlas.

La enfermedad siempre es un proceso, curarse es el proceso inverso, es decir otro proceso.

Dejar de enfermar

2 respuestas a “La cara positiva de la enfermedad”

  1. Marina dice:

    muy interesante

  2. jose garcia dice:

    Me recuerda a “La estructura de las revoluciones científicas” de Thomas S.Kuhn. No se produce un cambio en cualquier estructura universal sin una crisis. De las crisis surge la fuerza y la innovación. Miremos hacia adentro. Abz muy fuerte. Namaste.

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