8 enero, 2018

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Cuál es el propósito real de nuestras vidas

Ideas a partir del transgeneracional y las constelaciones

Se supone que venimos a esta vida con una misión y unos objetivos, que tienen una componente importante de aprendizaje, de disfrute y de realización personal.

Sabemos que la cultura familiar y los infinitos factores que rodean nuestra llegada a esta vida nos influyen y determinan, de tal forma que parece que estamos atrapados y condicionados en tal medida que pocas personas parecen capaces de salirse realmente de este determinismo.

Pero hay más, por lo que hemos podido aprender de la observación, y particularmente de los expertos en constelaciones familiares y transgeneracional, dentro de la misión personal toma dimensiones gigantescas el solventar problemas de integrantes concretos del árbol familiar, de uno o varios ancestros. 

De tal forma que muchas vidas estarían hipotecadas por esta dinámica de restablecer situaciones pasadas mal resueltas.

Así, nos encontramos con personas que no pueden vivir en una casa más grande que la madre, o ser más rica o feliz que el padre o la abuela o tener hijos o dejar la casa de sus padres o tener placer con la comida o tener placer sexual o tener dinero en su cuenta corriente o adelgazar porque alguien en la familia nunca consiguió coger peso, y un largo etc. Todo ello porque hay que pagar las deudas de algún familiar o simplemente por lealtad a un miembro de la familia que no consiguió resolver alguna situación importante.

Como partimos de la premisa de que el universo es sabio, entendemos que alguna razón tiene que haber para que casi todas las vidas están hipotecadas por los problemas de los antecesores no resueltos.

Habría una aparente contradicción entre el rol asumido con referencia a problemas que en principio ya no podemos solventar y la idea de que venimos a desarrollar nuestros dones en una misión positiva para nosotros y los que tenemos al lado. No hay más que fijarse un poco para ver que condicionados por los problemas del árbol familiar parece como si todos estuviéramos ocupando posiciones que no nos corresponden.

No hace falta ir a las ataduras y limitaciones externas que la sociedad y los poderes milenarios nos ponen, ya nosotros nos ponemos las nuestras, como si nos encadenáramos con 7 llaves, orientando nuestra vida al completo en roles que parece que forman parte de nuestra forma de ser individual, pero que cuando descubres el por qué no puedes por menos que asombrarte y caerte del guindo de las ideas o excusas con las que siempre hemos intentado explicar el por qué de nuestras elecciones y actitudes.

El problema está en que si yo tomo venganza de la violación de mi bisabuela haciendo sufrir a todas las parejas masculinas que tengo una tras otra o tengo que estudiar la carrera difícil y larga que mi madre no pudo o tengo que dedicarme a una profesión por la enfermedad de la que mi padre murió o no me permito sentir los placeres de la vida porque tampoco mi tía abuela los pudo sentir como consecuencia de mi nacimiento.

La cuestión es que no queda claro que solucionemos realmente nada de ésto, más bien al contrario, por el desfase en el tiempo, y porque somos almas diferentes y cada una tendría que hacer su camino independientemente de las otras, o más bien en colaboración y armonía.

Visto desde este punto de vista, no es muy difícil suponer con un poco de entrenamiento lo que puede haber detrás de los impedimentos de las personas cercanas, con la prudencia oportuna, claro.

Probablemente lo más difícil es ver en uno mismo de dónde pueden venir los auto boicots, habrá en este caso que preguntar a algún experto que nos pueda decir desde fuera en esta línea.

El caso es que a las creencias culturales, regionales, de la época y familiares, todas ellas adaptadas a la supervivencia en el grupo y que funcionan a modo de limitaciones y muchas veces tiranía hacia el individuo, tenemos que añadir el rol asumido por la reparación inconscientemente asumida de las fallas del árbol familiar.

Por qué elegimos una profesión y no otra, por qué y para quien estudiamos, por qué y para quien tenemos hijos, o por qué no podemos tener hijos, por qué no nos vamos de casa o nos vamos muy pronto de casa, por qué y para quien una pareja y no otra, por qué y para qué la pareja, por qué la escasez o la riqueza, y para quien, etc., etc.

Lo curioso de todo ésto es que no tenemos ningún conocimiento ni control del rol asumido, que parece situarse en el inconsciente más profundo y lejano a nuestro entendimiento. Podemos entender que asumamos roles respecto a familiares cercanos y sus circunstancias, pero lo extraño es asumir roles respecto a ancestros que ni siquiera hemos conocido o tenido noticia.

La epigenética da una explicación, que es que las situaciones traumaticas no resueltas quedan en el ADN familiar y que este sistema de que cada uno se ocupe de resolver un conjunto de situaciones pasadas tendría como objetivo sanear y restablecer un ADN sano que resuelva los problemas creados a los siguientes integrantes de la descendencia.

Explicación que tiene sentido, lo que sucede es que si es así tendremos que olvidarnos de la idea habitual que tenemos del propósito de nuestras vidas, y darnos cuenta de que no venimos a disfrutar de la vida en primer lugar, sino a trabajar para el árbol familiar y el ADN.

Si disfrutamos bien y si no también. Este propósito no estaría muy lejos del de las hormigas y las abejas, que estoy seguro que si les preguntas qué están haciendo nos responderían con alguna excusa, como los humanos.

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